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Introducción:

Los depredadores sexuales representan la encarnación cultural de los asesinos en serie. Muchas de esas encarnaciones están sujetas a inclinaciones fetichistas y sadomasoquistas Esa enfermiza desmesura da una sensación al individuo que no lo considera anormal, ayuda a ampliar sus actos más sádicos, sin olvidar, que el sadismo nos recuerda que el sexo no está relacionado solamente con la afirmación y creación vital; y que puede llegar a su contrario, es decir, a la aniquilación y la muerte. El ansia vital y el anhelo de la muerte son componentes de nuestra sexualidad. Y cuando se llevan a extremos los vicios o parafilias sexuales se confunden con lo real.

Esta serie de desviaciones en serial killers se suelen dar en hombres solitarios, con algún trauma en la infancia y una larga serie de estereotipos que suelen marcar el perfil de éste tipo de asesinos. Lo más inusual, es encontrarlo en casos femeninos –los impulsos que suelen mover a las mujeres son la venganza o la codicia-, aunque en las excepciones siempre sale a relucir alguna parafilia sexual que las mueve.

En el mes de enero de 1987, surge un hecho que pasa inadvertido a los ojos de todo el mundo, la muerte de una anciana. Nada especial en la Clínica de AncianosAlpine Manor” en Grand Rapids (Michigan, USA). Lo lógico y normal es que la muerte de una persona de avanzada edad, más con Alzheimer, fuese a causa de una forma natural.

Todo seguía su normalidad, las muertes de ancianas enfermas terminales se iban sucediendo, pero nadie en la clínica sospechaba nada. Incluso, un par de enfermeras se jactaban de que ellas eran las culpables de sus muertes. El resto de compañeros no se lo creían, decían que se trataba de una simple broma y seguían con su día a día de la manera más monótona.

Un día, el ex marido de una de estas enfermeras, Cathy Wood, acudió a la policía a contar la historia. El propio Ken Wood hablaba de su ex mujer como: “frívola, cambiante e impredecible”, decía que no expresaba ningún sentimiento materno hacía su hija. Años después, la propia Cathy, confesó tener un embarazo voluntario para poder escapar de casa.

Tras la declaración, los cadáveres de 5 ancianas fueron exhumados, y la cruda realidad apareció. La historia de ambas enfermeras era cierta: Gwendolyn Graham y Catherine May Wood iban a ser acusadas de sus muertes.

Catherine May Wood y Gwendolyn Graham
Catherine May Wood y Gwendolyn Graham

El matrimonio Wood se separa en 1986. Cathy Wood era la supervisora de la clínica de ancianos, tras la separación se enamora de su ayudante: Gwen Graham. Ésta había llegado de Texas con 22 años; siempre le gustaba sacar a relucir su lado masculino, mostraba graves cicatrices en los brazos, contando que se las había realizado en varias peleas. Nada más lejos de la realidad, tras una infancia donde se sentía abandonada, sufriendo abusos sexuales por parte de su padre, se auto-mutilaba, mostrando un claro síntoma de trastorno de personalidad.

Ambas, empezaron una relación lésbica, una de sus preferencias sexuales era la asfixia erótica. Experimentación que llevaron al máximo, y no contentas con eso, decidieron aumentar sus juegos sexuales hasta lindarlo con la muerte. Ningún sitio mejor que su propio trabajo: “Alpine Manor”, contaba con 200 camas, una media de 40 muertes por año; dónde la muerte de 5 pacientes no se tendrían en cuenta. Todas sus víctimas esperaban la muerte pero la alcanzaron de una forma que no esperaban.

Graham entro en la habitación de una de las ancianas, cuyo apellido empezaba por m, empezó a taparle la nariz y la boca con una toalla, y pese a su resistencia, aumentaba su excitación, asfixiándola hasta la muerte. Tras cada ritual, ambas enfermeras se iban a habitaciones desocupadas para practicar sexo y disfrutar de la emoción del momento.

Catherine May Wood

Catherine May Wood

Practicaban un juego del más macabro, elegían a sus víctimas según las iniciales de su apellido hasta llegar a formar la palabra “murder”. Graham guardaba trofeos de sus víctimas: joyas, prótesis dentales o calcetines; tal era la irrevelancia  que daban a sus fechorías que aparte de jactarse de sus crímenes, la propia Graham, guardaba los trofeos en su taquilla de la clínica.

Graham dejaba como tarjeta de visita la toalla con que las había asfixiado. Tras intentar asesinar a un anciano y fracasar en el intento, se concentraron en las féminas. Según algunas confesiones, su intención era el llegar a las 20 víctimas.

En 1987, la relación termina. Cathy se siente triste y desolada, acude a su ex marido a contarle toda la historia, es cuando Ken, 14 meses después, acude a la policía.

La policía llama a la puerta de Graham en Tyler (Texas). Testificó que se trataba de una broma macabra para asustar a sus compañeras, pero las pruebas eran irrefutables.

En el transcurso del juicio, Wood, se defendió inculpando totalmente a Graham, acusándola de ser la que planeaba y ejecutaba los crímenes, y ella se ocupada de distraer a los celadores. Graham seguía defendiendo que era una simple broma y que Wood mantenía la teoría de los asesinatos por ser una amante despechada.

Gwendolyn Graham

Gwendolyn Graham

El 3 de Noviembre de 1989, después de un juicio dónde los enfrentamientos dialécticos se turnaban entre ambas acusadas, se dictó la sentencia, condenando a 5 cadena perpetuas a Graham, sin posibilidad de libertad condicional; y de 20 a 40 años de prisión para Wood, con la primera oportunidad de salir en libertad en el año 2005.

Episodio 6.  Las enfermeras diabólicas.

Narrador: La apacible placidez se respira todas las mañanas en la Clínica de AncianosAlpine Manor”, a las orillas del Grand River, la ciudad de Grand Rapids, asentada en el condado de Kent del estado de Michigan, vive separada de la ebullición de los grandes sucesos que rompen la tranquilidad de otras grandes metrópolis financieras. El trasiego escondido por ser una de las primeras ciudades de los Estados Unidos en la fabricación de automóviles y camiones, no se ve reflejado en sus calles, estás viven en una quietud y sosiego utópicos.

Todo la tranquilidad se rompe en la primavera de 1988, Ken Wood acude a la policía para relatar la historia contada por su ex mujer. La narración nos cuenta un amor imposible que se desquebraja tras el final de la pasión, escondido tras un telón de crueldad que no mece ante ninguna pleitesía de clemencia.

Todo gira alrededor de la sosegada clínica de ancianos donde dos de sus enfermeras han firmado un pacto con el diablo que las han llevado hasta la locura.

Catherine May Wood: Hoy es la noche, después de lo que nos pasó con Christopher, sigo pensando en centrarnos en mujeres. Son mucho más tiernas y manejables, además, podemos disfrutar de todos sus atributos femeninos.

Gwendolyn Graham: Sí, ¡palpar sus pechos en el más alto estado de excitación hasta sentir como ceja su último aliento!, ¡mientras levantamos su perdido apetito sexual hasta alzarla a un altar de pasión y lujuria!

Catherine May Wood: Como cuando me ahogas con el pañuelo de satén hasta sacarme un exhausto orgasmo que desea seguir sintiendo el camino de la muerte…

Narrador: Nuestras enfermeras se dirigen a la habitación de la interna Mary Macdonalds, sigilosamente se acercan a su cama, no quieren despertar ninguna duda en la anciana, el ver a ambas junto a su camino podría dar lugar a suspicacias.

Gwendolyn Graham coge la toalla depositada en el regazo de la silla, la agarra fuertemente, acercándose al arrugado cuello de la anciana. Con una mano tapa su boca, y con la otra, rodea su cuello con la toalla, comienza a estrangularla con saña, gira la cabeza, observa cómo Cathy tiene su mano dentro del pantalón, sus ojos encendidos están en un elixir de excitación, mientras sus dedos se deslizan por su cuerpo, palpando sus labios del deseo, flotando y flotando hasta explotar en un mar acuoso de lascivia. Cathy, torna su mirada fijamente en las pupilas de Gwen, están totalmente dilatadas, estrujando su cuello hasta alcanzar su pleno descanso.

Abandonan la habitación mientras sus manos arremeten, acarician y aprietan las zonas estimulantes de la otra, se propinan unos largos besos, llenos de pasión y deseo, tras los que se esconden una maldad innata en ellas. Entran en una de las habitaciones libres, una se abalanza sobre la otra y continúan con sus juegos sexuales…

Al terminar, la estimulación termina, y la relajación llega a sus cuerpos. Están totalmente satisfechas, han llegado a la más alta cúspide erótica.

Gwendolyn Graham: Nunca pensé en estar tan orgullosa de mí misma. Muchos son los días encerrados en palabras opacas de deseos incumplidos. Hoy, ¡por fin! Esos deseos reprimidos han alcanzado su plenitud, llegando a una adolescencia con un futuro inmejorable. Ver tu cara mientras te corrías, justo en el momento que esa bruja se ha ahogado en sus propios vómitos, ha sido el momento álgido de nuestra relación. A partir de ahora, nuestros caminos estarán unidos en un estrecho urgir de deseo.

Catherine May Wood: ¡Ay, Gwen! Tenemos que repetirlo una y otra vez, deseo experimentar esa sensación hasta el óbito. Exprimir mi cuerpo, ¡hasta dejarlo seco de deseo!

Gwendolyn Graham: ¡Qué cerda eres!

Narrador: Abrazadas, fundiendo sus cuerpos en una sola persona, besándose continuamente mientras mantienen una relajada conversación, en sus cabezas, no para de rondar la idea de que llegue una nueva noche, para volver a experimentar lo vivido en esta.

Los rayos de sol alertan sus parpados, despiertan, abandonan el dormitorio, en la mesura de sus labios reluce la sonrisa diabólica de los ángeles de la muerte.