Posts etiquetados ‘asesino en serie’

Introducción

Si inhumano es matar, más lo es, sin existir ningún motivo en especial, cuándo se convierte en algo monótono y mundano, siendo las bestias más bárbaras capaces de limar almas por pura diversión. Sin compasión, con la supremacía altanera que nos transforma en dioses calificados para extinguir vidas sin remordimientos. El llamado La bestia de Zhitomir, es un lobo sediento de nuestra piel de cordero, capaz de sustituir sus ansias de dominación con la muerte.

Soltero, padre de un niño, reconoció haber tenido una infancia muy difícil: su madre había muerto cuando él tenía 4 años, su padre y su hermano mayor lo habían abandonado en un orfanato donde creció en un ambiente muy hostil. Cuando salió del orfanato se enroló en la Marina Soviética, con la que viajó a lo largo del mundo. Uno de esos viajes le llevo a Rio de Janeiro, donde quedó cautivado por el Cristo de Corcovado, todas sus acciones criminales siempre estarían marcadas por una cruz, en referencia a esa imagen.

Fue bombero en la ciudad de Dneprorudnoye -dónde su ficha laboral le describe como un hombre “duro, pero justo”-. Estuvo ingresado en un hospital psiquiátrico. Emigró para trabajar de obrero durante un tiempo, pero confesó que su fuente primaria de ingreso era criminal: los robos y asaltos.

Comenzó su etapa criminal en 1989 cuando él y su cómplice, Sergei Rogozin, robaron y mataron a nueve personas. En la región de Zaporijia, Onoprienko da el alto a un coche, que le evita e intenta escapar, dispara y mata con una escopeta al conductor, para posteriormente asestarles a su mujer y dos hijos múltiples cuchillazos hasta la muerte.

Con la policía tras su pista, Onoprienko, puso tierra de por medio, abandona el país ilegalmente para recorrer Austria, Francia, Grecia, Dinamarca y Alemania, en dónde estaría seis meses arrestado por robo y luego sería expulsado. En el resto de los países que estuvo también obtuvo antecedentes criminales.

A finales de 1995 vuelve a Ucrania. En la Nochebuena del mismo año se produce el ataque a la familia Zaichenko. El padre, la madre y sus dos hijos asesinados, la casa incendiada Seis días después, la escena se repetía con otra familia de cuatro miembros. Las víctimas se suceden durante seis meses en las regiones de Odesa, Lvov y Dniepropetrovsk.

La bestia de Zhitomir

Anatoli Onoprienko, La bestia de Zhitomir

El modus operandi siempre era el mismo: elegía casas aisladas, mataba a los hombres con un arma de fuego, a las mujeres y los niños con un cuchillo, un hacha o un martillo. Siempre sin dejar vivo ninguno de los habitantes de la casa, después cortaba los dedos de las víctimas para sustraerles sus anillos y en algunas ocasiones quemaba las casas. Guardaba como trofeo la ropa interior usada por sus víctimas e incluso llego a regalar en una ocasión una de las prendas a su novia Ana.

El gobierno ucraniano envió a la Guardia Nacional con la misión de velar por la seguridad de los ciudadanos, sumando más de 2.000 investigadores entre las policías federal y local. Las averiguaciones policiales marcaron las pautas para un perfil de itinerarios del ladrón-asesino, llegando a la conclusión que era un hombre que viajaba por el sudoeste de Ucrania para visitar a su novia. La mayor parte de las familias vivían en remotas villas en la región de Lyov, cerca de la frontera con Polonia. En sus últimos tres meses de cacería, mató a cerca de 40 personas en las regiones de Bratkovivhi y Busk.

Todas las pistas marcaron a los apartamentos de su novia y hermano, la policía halló diversas pruebas que le inculpaban directamente: el rifle que usó en 40 de los asesinatos y 122 objetos pertenecientes a las víctimas, entre los que se encontraban artículos de joyería y diversos videos familiares de las víctimas. La policía le detuvo en la casa que compartía junto a su novia. Le pidió sus documentos, y éste, se revolvió, intento coger un arma y darse a la fuga, aunque su intento fue en vano. Cuando le detuvieron, Onoprienko se sentó y mirando a sus ojos y sonriendo les expreso: “Yo hablaré con un general, pero no con ustedes”.

El juicio comienza el 23 de noviembre de 1998, Onoprienko era acusado de cometer 52 asesinatos. Un numeroso público enfurecido esperaba a la puerta del juzgado pidiendo su cabeza, su calma contrastaba con el ambiente enaltecido.

Una declaración, entregada a la prensa antes de la apertura del juicio, decía que no se arrepentía de ninguno de los crímenes que había cometido y reconoció haber asesinado a 42 adultos y 10 niños, nueve de ellos con anterioridad a los investigados, acompañado de su compinche: Sergei Rogozin.

En sus diversas declaraciones afirmó que oía voces en su cabeza de unos “dioses extraterrestres” que lo consideraban como un ser “de nivel superior” y que le ordenaban llevar a cabo sus crímenes. Aseguró que poseía poderes hipnóticos, que era capaz de comunicarse con animales por telepatía y poder detener el corazón con la mente a través del yoga. También decía que todo estaba provocado por la influencia de la CIA y la Interpol. De sus diversas declaraciones podemos destacar algunas para identificar su aspecto personal más interno: “Mataba para eliminar a todos los testigos de mis robos”, “soy una persona única, hice cosas que nadie ha hecho. Son acontecimientos únicos”, “era muy sencillo, los veía de la misma forma que una bestia contempla a los corderos”, “ninguna de mis víctimas se opuso, armado o no, hombre o mujer, ninguno de ellos se atrevió a forcejear siquiera”, “un soldado que mata durante la guerra no ve a quien golpea” o “un ser humano no significa nada. He visto solo gente débil y comparo a los humanos con granos de arena, hay tantos que no significan nada”, son algunas de sus declaraciones vertidas durante el juicio. Incluso, en una ocasión, mató a una pareja y a sus 3 niños en su coche, se sentó junto al padre y condujo por el país con los 5 cuerpos, declarando: “Era absolutamente interesante”.

La bestia de Zhitomir

Anatoli Onoprienko, La bestia de Zhitomir

Los psiquiatras, sin embargo, diagnosticaron que Onoprienko estaba perfectamente “cuerdo”. El mismo Onoprienko resumía así la filosofía de su carnicería: “Para mí, matar, es como romper una colcha. Hombres, mujeres, ancianos, niños, todos son lo mismo. Nunca me he arrepentido por aquellos a quienes he matado. No amo, no odio, sólo ciega indiferencia. No los veo como individuos, sino como cosas”.

Fue condenado a cadena perpetua, en las fechas del juicio Ucrania firmó un acuerdo con la Comunidad Europea que prohíbe la pena de muerte. Una revisión posterior de su caso podría reducir su condena a 20 años. El mismo Onoprienko ha declarado que no va acudir a las audiencias para la reducción de sus condenas, manifiesta que debe ser ejecutado: “Si estoy libre de nuevo, comenzaré a matar otra vez. Pero en esta ocasión será peor, 10 veces peor. La necesidad esta aquí”, “si no me matan, escaparé de esta prisión y la primera cosa que haré será buscar a alguien y colgarlo de un árbol de los testículos”.

Episodio 6. Anatoli Onoprienko, La bestia de Zhitomir

Narrador:

El viento rasga las cortinas reportando un ligero movimiento que las hace bailar con los astros de la noche. La ventana semiabierta empieza a chirriar, avanza en la oscuridad como si un fantasma la empujase para abrir su figura al ocaso nocturno. No, no es un fantasma, es una bestia, es Anatoli, Anatoli Onoprienko. Lleva husmeando por los aledaños de la cabaña desde hace varios días, la familia Zaichenko es la ideal; marido, mujer y dos niños. Pernoctando pasó las dos fechas anteriores, está, la tercera, era la idónea para llevar a cabo una nueva cacería. Posa sus pies dentro de la cabaña, sus colmillos se afilan al oler el sudor humano, aguanta desde hace semanas sus ansias de aniquilar y en su interior recorren sus venas la sangre del deseo, del deseo de extinción humana. Progresa sigilosamente hasta posar sus zarpas en la habitación del matrimonio Zaichenko, entreabre la puerta, penetra dentro y se posa delante de su trono de descanso, balancea la escopeta del interior de su abrigo apunta a la cabeza del marido y ¡pum! ¡pum! ¡pum! Estómago, corazón y el centro del cerebro, la mujer se revuelve, no le da tiempo a inmutarse cuando su cuerpo se llena de líquido mortal, al instante tiene una bala avanzando hacía su corazón y deja de respirar. Los gritos de los niños, alertan al instinto de Anatoli, su sonrisa se tersa, aumentan sus latidos, uno de los niños entra en la habitación, agarra el hacha y le asesta un pulsado zarpazo al cuello, desquebrajándole y volando su infantil sesera al aire, cae en un sonoro quejido contra la madera ensangrentada, corre hasta el pasillo, dando un puntapié a la cabeza hasta golpear en el vacío silencio del hogar. En tres zancadas estrecha su mano al antebrazo de la otra pieza, clava sus uñas para detener su avanzar, empuña de nuevo el hacha, esta vez, punzando en su tronco, como si estuviese cortando leña en el despertar de Lyov, un inmenso chorro de sangre surca de su cuerpo llenando la cara de Anatoli de líquido deseo. Se relame, traga los restos del festín y decide continuar. Antes de abandonarles, saca un cuchillo y le arranca los dedos a la esposa, va a llevarse sus anillos, es más cómodo a carne suelta. Le quita su ropa interior, la huele y la guarda en el bolsillo de su gabardina, un bonito conjunto que será un buen suplemento para Ana.

Sus pensamientos se enredan en las imágenes de su novia con el recién desvalijado trofeo posado sobres las líneas de su cuerpo, a su espalda, las llamas del infierno inundan las estrellas.

Se puede escuchar la versión radiada en el programa de radio de El Abrazo del Oso del 13-02-11:
Witkin, Verne, Gary Moore y La Bestia de Zhitomir

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Keith Hunter Jesperson, el asesino de la cara sonriente

Introducción

Tras alterar nuestros estómagos con nuestro primer relato de mentes perversas, vamos a seguir nuestro camino para encontrar el grado sumo de maldad. En este segundo capítulo no queremos bajar nuestro ritmo cardíaco y os queremos presentar a otro personaje peculiar, otra cruel víctima de una infancia infeliz.

Nos desplazamos a los años 60, a la región canadiense de la Columbia Británica, allí, el pequeño Hunter, pasa su tierna infancia, entre los abusos sexuales de su padre, los insultos de sus compañeros y hermanos, y la inducción de su mentor a maltratar y matar a todo aquellos animales nocivos para Hunter.

Keith Hunter Jesperson

Keith Hunter Jesperson

Sus primeros años hasta mediados la treintena los pasa deambulando por Canadá hasta alcanzar su sueño de entrar en la Real Policía Montada, éste se trunco por una caída que le lesionó. Después se desplaza a Estados Unidos para empezar a trabajar como camionero en la compañía Pacific Northwest, ya con 35 años.

En el país vecino trata de reconducir su vida, se casa con una mujer de ascendencia mexicana, tiene 3 hijos y pasa unos años de supuesta tranquilidad. Está se rompió cuando su mujer se divorció de él, seguía maltratando animales, incluso llegó a colgar de una soga a la mascota de su hija mayor.

La separación alteró totalmente el coctel mental de Hunter, los abusos sexuales y los maltratos animales se mutaron en su ser. Llegando a pasear con su camión en busca de la víctima más adecuada para ser la extensión de sus manos, y mientras las ahogaba, perpetrar los mismos abusos que recibió de su padre. Terminando con una carrera delictiva de 8 asesinatos con el agravante de violación. Una de sus mayores extravagancias era enviar cartas a la prensa, policía y familiares de la víctima. Misiva que era firmada con una cara sonriente.

Es curioso observar que nuestros dos primeros protagonistas de “Mentes perversas” tienen dos nexos en común: una infancia marcada por el abuso de poder del padre y una sangrienta carrera delictiva que comienza con la cuarentena, ¿estaremos siempre libres de nuestros más bajos instintos anexionados a nuestra infancia?

Episodio 2. El hombre que firmaba con una carita sonriente

Keith Hunter Jesperson:

Soy esclavo de mis demonios, mi constante lucha contra la oscuridad que cohabita conmigo me traslada a un estado de semi-apatía donde subyacen todos los deseos ocultos opacos a mi ansiedad.

La perpetúa alimentación de mis deseos conmutados en una supuesta apacible vida familiar han explotado tras el abandono de mi mujer, ¡qué insensata! Enfurecerse por ahorcar a ese mísero minino, ¡no entiende qué es un acto de eterna generosidad! He librado a esta bestia de su infortunio.

He perdido el calor familiar, pero he recuperado el control y el poder de mi ser. Soy libre de encauzar mis instintos. ¡Quiero ahogar hasta el desaliento a una mujer!

Narrador:

Los pensamientos de Hunter se ven cortados tras la entrada en el bar de una chica, Tannya Benett, la casuística ha querido cruzarla en el camino de Hunter. Sus reflexiones se hacen realidad, queda un paso para su destino.

Keith Hunter Jesperson:

Me ha costado convencerla, al final hemos llegado a casa, nada más volverse no he podido evitar abalanzarme sobre ella, desgarrarla y abrirle el vestido. Su resistencia aumentaba mi excitación. Mecánicamente, mis manos, se han dirigido hacia su cuello, he empezado a apretar con toda mí fuerza, no paraba de revolverse, de golpearme con sus tacones en el costado, mis dedos apretaban con una pasión inmensa. Su respiración acelerada se traducía en un inmenso acrecentar de mi miembro viril.

Cuando su respiración espiaba, paré de apretar, mi riego sanguíneo ordenaba a mi cerebro el poseerla, ¡empalarla hasta el último suspiro!

Empecé a presionar su cuello con una febril devoción, le he rasgado su ropa interior, he dominado su voluntad hasta conseguir penetrarla, y cuando su resistencia disminuía, he empezado asfixiarla con saña, su latir decrecía hasta que conseguí una muerte húmeda.

Narrador:

Hunter cometía su primer crimen, la necesidad de violencia se aumentaba con la violación. Necesitaba sentir el último suspiro de la víctima mientras la poesía, consiguiendo su perfecto elixir.

Keith Hunter Jesperson:

¡¡¡Ufff!!! Acabar con la existencia de un ser vivo es la mayor efervescencia inocua a la realidad, revivirla de nuevo una y otra vez, va aumentando mi necesidad de más, ¡mucho más!

Voy a compartir este impetuoso recuerdo, quiero vanagloriarme de mis actos. Empezaré a escribir una misiva…

Narrador:

Escribía letra tras letra reviviendo cada uno de esos momentos celestiales. Su miseria egocentrista le lleva a firmar con una cruel cara sonriente mofándose de las autoridades, periodistas y familiares.

Se puede escuchar la versión radiada en el programa de radio de El Abrazo del Oso del 27-06-10:
La noche de San Juan, vacaciones ecológicas y otra mente perversa