La doble muerte de don Enrique de Villena

Publicado: 26/07/2014 en Historia
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Don Enrique de Villena

Don Enrique de Villena

En los albores del siglo XV, caminaba por las serpenteantes calles de Toledo la misteriosa figura perteneciente al Gran Maestre de Calatrava y el conocido Marqués de Villena, el señor de la Villa de Iniesta, el apodado “El Astrólogo” o “El Nigromántico”, don Enrique de Villena. Un erudito de las ciencias y letras, humanista, traductor, estudioso de diversas artes y ciencias ocultas como la filosofía, matemáticas, medicina, lenguas clásicas, astronomía, teología, alquimia, magias negras… autor de diversas obras literarias y poéticas, también conocido y recordado por su pasión por toda clase de placeres, incluidos los gastronómicos y eróticos.

Poseedor de los más altos grados del saber y de sus más recónditos de sus secretos. Era capaz de hacer descender a las palomas que pasan por el aire volando, y tomar por placer a las que creía menester, dejando a las otras por la virtud de sus palabras, o embermejecer el sol, como si fuese eclipsado, con la ayuda de la piedra heliótropa, y sus dotes proféticas, adelantando cosas por venir con el poder de la piedra chelonite, o volverse invisible gracias a la hierba andronemo, o congelar y fijar el mercurio con la salsedumbre de las aguas agudas que antes había separado, e incluso condensar y congelar el aire en forma de esfera lucia con el zumo hierba y el opio esparcido.

Sí. Entre retórica, fantasía e historia discurrió su andar por tan nobles tierras. Llegando como uno de los alumnos del Diablo en La Cueva de Salamanca, no tuvo dificultad en integrarse en la escuela de Traductores y de la Nigromancia, valuartes de los misterios de la llamada “Ars Toletana”.

Con el paso del tiempo y gracias a sus poderes de predicción, toma conocimiento de su cercana muerte y se enfrasca en la ardua misión de evitarla. Aprovecha todos sus saberes para crear un misterioso brebaje capaz de regresarle a la vida. Tras revisar varios de los volúmenes más arcanos de su amplia biblioteca, sabedor de los estudios que algunos científicos habían desarrollado sobre la inmortalidad y la resurrección de los muertos, excava entre tan preciados tesoros hasta encontrar la solución y el susodicho brebaje, la única pega era que necesitaba un colaborador, esta misión recalará en su fiel criado negro.

Un día, le dirige a los sótanos de su palacio, y le explica sus planes para su muerte y, lo primero y más importante, le avisaba de que no debía informar a nadie de tan lastimosa noticia. Tras asegurarse de su muerte, debía trasladar sus restos a aquel cuarto y, sobre la mesa del laboratorio, trocear su cuerpo en fragmentos más pequeños que una onza, después, introducir los restos en una cuba o matraz y transportarlo a la cuadra para enterrarlos en lo más profundo de un montón de estiércol de caballo para mantener caliente el preparado. Durante los nueves meses siguientes tendría que ocultar la muerte de su señor, debiendo impedir la entrada a la casa a cualquier persona y disfrazarse como él, para caminar diariamente por las calles de Toledo e ir a la misa de las 8 de la mañana, todas estas labores en post de la resurrección de su amado señor.

Pocos días después de tan extraña reunión, le llega la muerte a don Enrique, empezando las labores del criado, las cumple con suma diligencia, con una mezcla de miedo y superstición en su interior cierra la mansión a cal canto. Careciendo de algún parecido físico con su amo, empieza a suplantar su identidad. Todas las mañanas se envolvía con su capa más suntuosa y paseaba por la calles calándose hasta los ojos con el habitual sombrero del fallecido, siempre caminando con terror, por sí alguien era capaz de descubrir el fraude.

Llega la normalidad, se habitúa a tomar su identidad, se suma la confianza y llega a cometer el inevitable error. Al pasear por una plaza se encuentra con un sacerdote portando el viático, incumple la costumbre de arrodillarse ante su paso al estar más pendiente de ocultar su identidad, todos los presentes al ver con incredulidad tal comportamiento susurran entre sí diversos comentarios, uno de los vecinos con tal indignación le desprende el sombrero de un manotazo quedando visible su auténtica personalidad, ante las dudas de que se haya cometido algún tipo de delito le conducen ante el Santo Oficio.

En los sótanos de la Inquisición es torturado hasta conseguir su confesión, se dirigen a la casa de don Enrique y rebuscan entre el estiércol hasta dar con el matraz. Abriéndola se encuentran con una gran sorpresa, llenos de horror observan que contiene una especie de embrión con una forma vagamente humana. Con ese terror atroz, el Inquisidor ordena acabar con tal abominable ser y dar muerte por segunda vez al pobre don Enrique de Villena.

A tan peliaguda muerte, le sigue la polémica quema de su biblioteca y parte de su obra literaria situada en su villa de Iniesta, su mismo sobrino, el rey Juan II de Castilla, mandó quemar toda su colección por sí existían ejemplares prohibidos por la Iglesia. Creando un movimiento intelectual por parte de las juventudes versadas de la época, para proteger y extender en los albores del tiempo su figura, y para aumentar su leyenda, le llegan a comparar con Dante, Petrarca o los anteriores poetas clásicos.

Poco días después de la quema, sobre el palacio toledano del marqués, algunos habitantes creen ver un carro tirado por dragones con colas de fuego, que llevaba el alma del mago a lo más profundo del Infierno.

Se puede escuchar más leyendas de Toledo en el programa de radio de El Abrazo del Oso del 20-01-13:

Enigmas y leyendas en la ciudad de Toledo

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