Zodiac, el asesino del zodiaco

Publicado: 26/06/2011 en Mentes perversas
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Introducción

Históricamente, los asesinos en serie intentan saciar sus más bajos instintos anidados a una multitud de perversidades: violaciones, maltrato animal, pedofilia, torturas, necrofilia, vampirismo, canibalismo… En esta ocasión, traemos a un personaje rodeado de un halo misterioso, ofuscado en un afán de protagonismo altamente egocentrista y diversificado en un cruel juego. Éste incluye un ritual donde los primeros protagonistas son los medios de comunicación, aprovechándose de su esmero por la codicia de los índices de audiencia, el vil metal o la presencia de la noticia. Mandaba cartas a los principales periódicos donde incluía una serie de pictogramas que inducían a la confusión, esbozando hechos que solo podía conocer el asesino y, en algunos casos, dando pistas falsas que activaban los mecanismos de burla del asesino.

Zodiac

Nos encontramos ante el asesino más enigmático de la era moderna del crimen. Excluyendo a “Jack, el Destripador”, el otro gran serial killer anónimo, el autobautizado Zodiac, está rodeado de una serie de actos que no nos aclaran cuáles eran sus objetivos, un mar de dudas inundan cada uno de sus movimientos, la alta interacción con los medios y los diversos departamentos de policía, indicaba la meta de ser apresado, pero su desarrollo criminal nos conduce a muchas otras incógnitas escondidas tras la máscara de su anonimato, del según la policía encargada del caso: “un criminal torpe, un mentiroso y, posiblemente, un homosexual latente”.

Su fama alcanzó derroteros insospechados, encontrando otros dos sangrientos copycat en New York y Japón, para engrandecer su figura. Siendo el segundo criminal en jugar con los medios tras “Jack, el Destripador”, curiosamente, ambos nunca identificados con fehaciencia.

Zodiac

Retrato robot de Zodiac

Todo empezó la noche del 4 de julio de 1969, una llamada telefónica alertaba al departamento de policía de dos crímenes, las muertes de Darlene Ferrin –de 22 años- y Mike Mageau –de 19 años-, la voz tras el micrófono se autoinculpaba de los delitos. También se adjudicó otros dos crímenes sin resolver, el asesinato de David Arthur Faraday –de 17 años- y Betty Lou Jensen –de 16 años, ambos asesinados a balazos por un arma del calibre 22. Nuestro asesino apuntó pistas que solo podía conocer el criminal, asegurando su culpabilidad a los policías. Días después, el asesino amplio sus lazos a la prensa, escribiendo tres cartas a los periódicos: Vallejo Times Herald, San Francisco Chronicle y San Francisco Examiner, estaban escritas con rotulador y con abundantes faltas de ortografía, incluyendo nuevas pistas, dando crédito a los tres asesinatos e incluyendo un extraño criptograma de 360 caracteres, el cual, afirmaba contenía su identidad. Exigía que las cartas fuesen impresas en la primera página o iniciaba una masacre asesina durante el fin de semana.

Las cartas se llegaran a publicar y los aficionados a los criptogramas, Donald y Bettye Harden de Salinas en California, descifraron las siguientes palabras que no contenían la identidad del asesino:

Criptograma

Criptograma mandado a diversos periódicos por Zodiac

Me gusta matar gente porque es mucho más divertido que matar animales salvajes en el bosque, porque el hombre es el animal más peligroso de todos. Matar algo es la experiencia más excitante, es aún mejor que acostarse con una chica, y la mejor parte es que cuando me muera voy a renacer en el paraíso y todos los que he matado serán mis esclavos. No daré mi nombre porque ustedes tratarán de retrasar o detener mi recolección de esclavos para mi vida en el más allá…”.

Los últimos 18 códigos nunca se han descifrado y la carta se cerraba con un símbolo similar a una mira –una cruz cerrada en un círculo-. A los pocos días se recibió una nueva carta, con nuevos datos y firmando por primera vez como Zodiac.

Las siguientes víctimas, de nuevo, apuntaron a una pareja joven compuesta por Bryan Hartnell y Cecelia Sheppard, Zodiac cambió el modus operandi, utilizando un cuchillo, dando 10 puñaladas a la mujer y 6 al hombre, pero esta vez algo fallo, el hombre pudo sobrevivir introduciendo una serie de datos nuevos a la investigación: “Era un hombre de constitución fuerte y de unos 180 cms de estatura, se presentó con capucha y una especie de manto negro sobre el pecho que contenía el símbolo de la mira, dijo haber escapado de una prisión de Colorado y que necesitaba el coche para irse a México”. Otro acto de ego, fue el marcar con la navaja en la puerta del automóvil de Hartnell: “Vallejo 12-20-68, Sept 27-69-6:30”.

Mensaje Zodiac

Mensaje marcado en la puerta del coche de Hartnell

La séptima y última víctima oficial de Zodiac fue el taxista Paul Lee Stine, el 11 de octubre de 1969, muerto por el disparo de una 9 mm. en medio de la cabeza, cambiando otra vez el patrón de los crímenes. El 14 de octubre de 1969, el Chronicle recibió una nueva carta de Zodiac, conteniendo una muestra de la camisa de Paul Stine. Días después, llamó al Departamento de Policía de Oakland exigiendo hablar en directo en un programa de televisión con un abogado.

Escribió nuevas cartas, con diversos criptogramas sin poder llegar a traducirlos. Se pierde la pista de Zodiac en 1974, aunque diversas cartas y postales se le han atribuido.

No fueron solo estás siete víctimas las que se imputo Zodiac. Algunos investigadores, afirman que pudieron llegar hasta 50 las víctimas, el propio asesino se atribuye a través de sus cartas 37 crímenes. Tenían algo que le podían conectar con él, pero nunca se llego a probar nada e incluso podría ser un mecanismo de distracción y parte del juego de Zodiac. La policía llegó a manejar una lista de 2.500 sospechosos. Rick Marshall fue uno de ellos, tenía un alto parecido con su retrato robot y vivía en la zona del asesino. Lawrence Kane también reunía algún que otro requisito. Michael O´Hare, Ted Kaczynski y Bruce Davis, también estaban en los primeros de los puestos. Pero en el primer lugar nos encontramos a Arthur Leigh Allen, un pedófilo que estuvo en prisión entre rejas a mediados de los 70, justo cuando Zodiac dejó de actuar. Allen llevaba un reloj de la marca Zodiac, con el símbolo que utilizaba el asesino para firmar y, además, era admirador de la película “El malvado Zaroff”, citada por Zodiac en sus cartas; casualmente, el film nos habla de un conde que mataba personas por diversión. Allen falleció en 1992, nunca pudo ser señalado oficialmente como culpable ni siquiera comparando su ADN con las muestras obtenidas en las cartas. El máximo defensor de la culpabilidad de Allen, es el ex-caricaturista del Chronicle, Robert Graysmith, que vivió obsesionado por la identidad de Zodiac durante 17 años, culminando su investigación con el best-seller: Zodiac, el asesino del zodíaco.

El caso se archivó en 2004, abriéndose de nuevo en 2007, tras los nuevos datos que salieron a la luz para resolver el enigma de Zodiac. Dennis Kaufman dice que su padrastro, Jack Tarrance, es Zodiac, incluso tiene una página web con fotografías, dibujos y algunas evidencias que inciden en su culpabilidad, todo ello no quiere decir de la veracidad de sus manifestaciones, ¿otro para apuntarse al carro de la fama? En esta misma dirección va Deborah Pérez, asegurando en 2009, que su padre, Guy Ward Hendrickson, era Zodiac, diciendo poseer las gafas que no encontraron en la escena del crimen del taxista, atestiguando que ella misma escribió una de las cartas, sin conocer el objetivo, y afirmando poseer pruebas de ADN para identificarlo como Zodiac. Y las teorías más disparatadas hablan que Zodiac es hijo de extraterrestres.

Muchas son las dudas que nunca van a poder ser resueltas sobre la vida y obra de Zodiac, la única respuesta, es saber que su máximo objetivo fue alcanzado: la fama.

Episodio 5. Zodiac, el asesino del zodiaco

Narrador:

Lleno de incertidumbre le encontramos, nervioso, sin parar de girar la esfera de su reloj Zodiac. El tiempo pasa, su sed, no. Hace más de diez años, dejó de escribir a la prensa, al agente Avery o el listillo de Graysmith, ¡qué lejos estaban de la verdad! ¿o no tan lejos?

El recorrer de los días le han hecho una persona más precavida, más iniciada en el arte de lo recóndito. Tras nuevo amanecer se sigue alimentando su interior de esas ansias en ser el epicentro, ¡cómo en los viejos tiempos! Cuándo era portada de todos los periódicos e informativos, cuándo sacudía de terror las calles de California y toda la nación. Podía alimentar el hambre con los recuerdos, pero su afán de revivir esos tiempo no desaparecía. Si hubiese querido, su nombre permanecería en los más altos altares de la eternidad, simplemente, se llenaba sabiendo él la verdad, mirándose al espejo y reconocerse como Zodiac.

Nunca se lo tomó en serio, simplemente como un juego para determinar cuáles eran sus límites, descubrir cuánto podía estirar la goma, para en el momento justo desaparecer y en determinados momentos dar unas ligeras pinceladas de perversidad irrisoria. Su divertimento consistía en un cruel juego en el que introducía a la policía, prensa y televisión, mandando falsas amenazas, induciendo a pensar que era un idiota, escribiendo como un vulgar campesino y logrando una atmosfera misteriosa que rodease a su persona. Se hacía ver como un personaje torpe y distraído, pero su mayor sorpresa era cuándo se daban cuenta de su cruel juego. Vivía la emoción después del crimen, llenando su ego con las más altas esferas de divertimento.

Proyectaba su película favorita: “El malvado Zaroff”, se sentaba en su sillón repleto de revistas pornográficas e imagina mientras la visionaba como sería el próximo crimen: ¿revolver o cuchillo?, o ,¿una soga al cuello? Fue cogiendo gusto al asesinato, escenificándolos, aumentando su dosis de teatralidad, incluso, llegando a dejar libre a una de sus víctimas, ¡qué divertido sería el relato del muchacho! Se imaginaba al chico ante la policía, relatando como un hombre con capucha, con una especia de mantón negro con el símbolo de una mira en el centro había asesinado a su novia.

Como cuándo amenazó con poner una bomba en un autobús escolar, todo San Francisco alterado por su culpa, ¿se creían qué estaba tan loco como para explotar un autobús lleno de niños? ¡Pues no! Era mucho más inteligente que eso. Era un riesgo innecesario, con la capacidad de atención se conformaba, no necesitaba entrar en otros fuegos de artilugios.

Algunos se olvidaron, otros no podían dejar de pensar en él, pero todo la atención recibida fue suficiente para desaparecer en el momento justo, en el momento que respiraban en su nuca. Decidió mandar algunas cartas con una escondida despedida, asestando un último mazazo a las personas justas, riéndose ante ellos, sabiendo quién era pero sin poder demostrarlo. Y con eso se contento.

¡No perdurara su nombre pero sí su obra como Zodiac!

Se puede escuchar la versión radiada en el programa de radio de El Abrazo del Oso del 24-01-11:
Agatha Christie y el asesino del zodiaco

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