La cuarta dimensión: cine, televisión, literatura y arquitectura

Publicado: 10/05/2011 en Artículos
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Muchas son las referencias en cine, televisión, literatura y arquitectura donde se toma de base el concepto matemático o físico de la cuarta dimensión. Sin entrar en profundizar en la explicación de qué es, vamos parafrasear algunas citas para comprender mejor este concepto: “La cuarta dimensión es la dimensión espiritual. Es una realidad mayor que el plano tridimensional en el que vivimos; el plano espiritual que contiene y envuelve las tres dimensiones de la realidad física, el plano existencial donde mora el Espíritu Santo (Dr. David Yonggi Cho)“, “La cuarta dimensión es la dimensión espiritual que sojuzga y transforma la dimensión física y material (Ariel Kim)“, “La cuarta dimensión es la dimensión física en que el tiempo es añadido a la tercera dimensión del espacio (Albert Einstein)“,

Cine

A scanner darkly (2006) de Richard Linklater (basada en una novela homónima de Philip K. Dick de 1977 –Una mirada a la oscuridad-) uno de los protagonistas tras la ingesta masiva de sedantes alucina y ve a un ser de otra dimensión, en este caso un ser verde con multitud de ojos.

Regreso al futuro III (1990) de Robert Zemeckis. Doc le comenta en dos ocasiones a Martin: “tienes que pensar en cuatros dimensiones”. La primera en el momento que viaja Martin al año 1885 y al De Lorean se le antepone en su camino al pasado una gran pantalla de cine, en el momento de viajar al pasado la pantalla desaparece. El otro momento es de vuelta al futuro, al encontrarse con un tramo de la vía del tren que todavía no está construida y cuando vuelve al futuro, ya lo está.

Donnie Darko

Cartel de la película Donnie Darko (2001) de Richard Kelly

Donnie Darko (2001) de Richard Kelly. Donnie un adolescente esquizofrénico va a sufrir un accidente, una turbina de un avión va a chocar contra su casa, la turbina abre un agujero de gusano y, a su vez, una brecha en el espacio-tiempo produciendo una paradoja temporal que hace revivir a Donnie en un bucle de tiempo de 28 días antes del accidente. Tiene alucinaciones visuales con un conejo gigante llamado “Frank” procedente de otra dimensión y que le va conduciendo por la mano de su subconsciente para solucionar el curso de los acontecimientos, todo ello siendo Donnie inconsciente de ello.

El corazón del guerrero (2000) de Daniel Monzón, un adolescente participa en un juego de rol, su mente imaginativa le hace vivir durante el sueño con su personaje hasta llegar al punto de creer que viene de otra dimensión y ambos son la misma persona en universos paralelos, llegando a mezclarse las dimensiones reales y ficticias.

Cube (1997) de Vincenzo Natali, un grupo de personas se despiertan en una serie de habitáculos sin recordar cómo han llegado allí, éstos están compuestos por 6 compuertas que conectan unos con los otros, además cada entrada a una nueva sala esta referenciada por tres series de tres números, no solo eso, también algunos de los habitáculos tienen trampas mortales y la solución está en solucionar el enigma matemático de las series de números. Con el transcurso del tiempo se descubre que uno de ellos es el diseñador de el armazón exterior, desconociendo cual era el fin del proyecto y notificando que se trata de un cubo, descubrimos que la estructura está compuesta de casi 18.000 habitaciones y que la serie de números son coordenadas cartesianas marcando la situación de la habitación. Con estás claves tienen que intentar conseguir encontrar la salida del cubo para salvarse del encierro y de las trampas mortales.

Cube

Cartel de la película Cube (1997) de Vincenzo Natali

Continuamos la saga con Hypercube (2002) de Andrzej Sekula, con la misma trama que la primera, pero esta vez son encerrados en un teseracto (hipercubo) –una figura formada por cubos tridimensionales desplazados en un cuarto eje dimensional o un cubo de cuatro dimensiones-, la que sería una cuarta dimensión espacial, están introducidos en un ambiente cuántico multidimensional, existiendo realidades paralelas simultáneamente. Tienen habitáculos que se repiten, habitaciones que se repliegan sobre si mismas, que cambian la gravedad, se puede teletransportar, habitaciones de tiempo variable. Sabiendo que un hipercubo puede haber infinito número de habitaciones. Las diferentes dimensiones temporales se van cruzando en las diferentes realidades paralelas, coincidiendo nuestros propios yos en otro espacio del tiempo. Se presenta una imagen visual de lo que seria una perfecta interpretación cuadrangular de la cuarta dimensión. Tienen tiempo para escapar hasta que todas las realidades caigan en un mismo espacio e implosionen.

Terminamos con la saga con Cube Zero (2004) de Ernie Barbarash, volvemos al cubo y al espacio tridimensional, descubrimos los niveles superiores, quien controla el cubo y el por qué de está locura.

Nivel 13

Cartel de la película Nivel 13 (1999) de Josef Rusnak

Un ejemplo clásico es El hombre de la cuarta dimensión (1959) de Irving S. Yeaworth, un físico ha desarrollado un proceso por el cual dos objetos sólidos pueden atravesarse entre sí. Su teoría se basa en que, con un campo acelerador de energía, puede provocar la fusión temporal de materiales. En una de las pruebas llega a entrar en la cuarta dimensión comenzando a experimentar estadios temporales, atravesando cualquier cuerpo o sustancia.

Nivel 13 (1999) de Josef Rusnak, tenemos un buen ejemplo de crear universos paralelos inventados a través de una máquina de realidad virtual, existiendo mundos paralelos cibernéticos en los que la conciencia de los personajes es transportada al mismo yo del otro universo paralelo.

ExistenZ (1999) de David Cronenberg, Allegra Geller es la creadora de un videojuego que nos permite vivir una vida en una realidad alternativa, nos conectamos al juego a través de vainas y, sufrimos y vivimos como nuestro personaje, llegando a confundirse la realidad con nuestro juego ficticio.

También tenemos ejemplos de mundos virtuales o alternativos en: Dark City (1998) de Alex Proyas o Mulholland Drive (2001) de Davyd Lynch.

Series
Rod Serling

Rod Serling creador de la serie "En los limites de la realidad"

Uno de los grandes referentes es la serie “En los límites de la realidad” emitida desde 1959 a 1964, en algunos países de América se le llamó “La quinta dimensión” o en USA “La dimensión desconocida“. Creada por Rod Serling, llegando a emitirse 156 episodios: En cada uno de ellos trata una historia diferente, muchas de ellas con guiones de grandes escritores como Richard Matheson –autor de Soy leyenda- o Ray Bradbury o basado en relatos clásicos de la temática. En 1983 se realizó su versión cinematográfica, siguiendo el esquema original de la serie y dividida en cuatro episodios cada uno de ellos dirigido por uno diferente. El primero por John Landis –director de los Blues Brothers y el video musical de Thriller-, el segundo por Steven Spielberg –es el productor de la película-, el tercero es de Joe Dante –creador de los Gremlins- y el último por George Miller –director de la saga Mad Max-, especialmente el primer episodio nos relata una historia que ejemplariza a un xenófobo que es castigado reviviendo viajes en el tiempo y metiéndose en la piel de un judío, un vietnamita y en un africano ante un grupo del Ku Klux Kan. Destacar la frase de introducción de la serie y la película: “Esta puerta se abre con la llave de la imaginación. Al otro lado hay una nueva dimensión, una dimensión de sonido, una dimensión de imágenes, una dimensión de la mente. Están acercándose a un territorio de sombras y sustancias, ideas y cosas. Acaban de entrar en los límites de la realidad”. Como curiosidad en inicio de la película Abre los ojos es totalmente calcado al primer episodio de la serie, o los homenajes o remakes animados de Los Simpson en sus especiales de Halloween. Después se han emitido varios revival como “Los límites de la realidad” y “Más allá del límite” –con una primera etapa entre 1963-1965 y la segunda 1995-2002-.

Perdidos nos sugiere la idea de mundos y vidas paralelas, la quinta dimensión que une la gravedad con la fuerza electromagnética.

Fringe habla de una de las teorías de la mecánica cuántica, afirmando que un objeto puede estar en una superposición de estados distintos a la vez. Con una paradoja en que dos mundos paralelos sí uno mira al otro solo pueden quedar uno de ellos produciéndose un “colapso” quedando solo uno de los estados.

Literatura

El primer libro que nos puede hacer comprender la cuarta dimensión es “Planilandia, una novela de muchas dimensiones” (1884) de Edwin A. Abbott. Su autor nos invita a adentrarnos en la mente de un ser bidimensional y explorar el mundo plano donde para, a continuación, enfrentarle ante la evidencia de mundos de menor y mayor número de dimensiones que el suyo propio. El lector experimenta así, en primera persona, la dificultad inherente a concebir realidades de dimensiones superiores a las que evidencian sus sentidos, pero también a darse cuenta de que ello no hace imposible su existencia. El viaje del cuadrado protagonista a través de dimensiones superiores puede interpretarse como metáfora de experiencias místicas hacia realidades superiores.

Planilandia

Portada del libro Planilandia escrito por Edwin A. Abbott

Planilandia está escrito en primera persona por un cuadrado, matemático de profesión, quien nos cuenta la extraña aventura que ha vivido y que le ha llevado a conocer mejor la realidad de su universo, pero también a ser separado de la sociedad a ser recluido en la cárcel desde la que escribe esta historia, su historia. Con ese propósito, en la primera parte del libro realiza una descripción de su mundo, Planilandia, un mundo de dos dimensiones, y la sociedad en la que vive. En esa parte es donde se encierra fundamentalmente la crítica social.

La época dorada de la cuarta dimensión literaria fue a finales del siglo XIX hasta la década de los 20 del siglo XX, su máximo exponente es el inglés H. G. Wells. Su primer relato corto, “Los argonautas“(1888), en el que se basa la novela de “La máquina del tiempo” (1895). En ella, Wells considera que el tiempo es la cuarta dimensión, pero no el sentido relativista, sino en el espacio-tiempo estático. El protagonista, un científico que ha estado trabajando en la geometría de la cuarta dimensión, construye una máquina con la que poder desplazarse a través de la dimensión temporal. La siguiente cita está extraída de la novela hablando de la cuarta dimensión:

Evidentemente –prosiguió el Viajero a través del Tiempo- todo cuerpo real debe extenderse en cuatro direcciones; debe tener Longitud, Anchura, Espesor y… Duración. Pero debido a una flaqueza natural de la carne, que les explicaré dentro de un momento, tendemos a olvidar este hecho. Existen en realidad cuatro dimensiones, tres a las que llamamos los tres planos del Espacio, y una cuarta, el Tiempo. Hay, sin embargo, una tendencia a establecer una distinción imaginaria entre las tres primeras dimensiones y la última, porque sucede que nuestra conciencia se mueve por intermitencias en una dirección a lo largo de la última desde el comienzo hasta el fin de nuestras vidas” (…).

H.G. Wells

H.G. Wells

Su siguiente novela, “La visita maravillosa” (1895), está basada en la idea de universos tridimensionales paralelos adyacentes dentro de la cuarta dimensión y en la visita de hiperseres. Otro tema relacionado con la geometría multidimensional lo encontramos en el relato “El extraño caso de los ojos de Davidson” (1985), cuyo protagonista sufre un accidente en el laboratorio y se queda aparentemente ciego, ya que no puede ver lo que tiene a su alrededor. Wells utiliza en este relato la noción de pliegue del espacio dentro de la cuarta dimensión para hacer que Davidson puede observar eventos de una isla de los mares del Sur mientras él se encuentra en Londres. En el relato “El huevo de cristal” (1897), el objeto mencionado en el título resulta ser una ventana entre universos paralelos que permite ver a través de ella. El problema de la orientación de nuestro cuerpo y su relación con los viajes por una dimensión extra fue utilizado por Wells en su relato “La historia de Plattner” (1896-1897). Otro relato de viaje a la cuarta dimensión lo encontramos en el relato “El cuerpo robado” (1906).

Lewis Carroll en su libro “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí” (1871), utiliza la idea de agujeros de gusano que conectan dos universos, en este caso, el nuestro y el país de las maravillas, que se conectan a través del espejo.

La idea de los fantasmas como seres que viven en la cuarta dimensión y que pueden entrar y salir a su antojo de nuestro universo es utilizada en la novela “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde: “… no había tiempo que perder, luego adoptando rápidamente la cuarta dimensión del espacio como un medio para escapar, el fantasma desapareció como a través de la pared y la casa quedó en calma”.

También el genial Rudyark Kipling se adentra en el universo de la cuarta dimensión como en sus relatos: “Un error de la cuarta dimensión” y “El chico de la leña” (1895), en éste se narran las aventuras que experimentan sus dos protagonistas en el mundo de los sueños, que Kipling también llama cuarta dimensión: “Corrió desesperadamente hasta que se encontró totalmente perdido en la cuarta dimensión del mundo, sin empezar a regresar”.

En la novela “Lilith” (1895) de George MacDonal, el protagonista, mediante la manipulación de espejos, crea una puerta dimensional entre nuestro universo y otro paralelo donde habitan los espíritus de los muertos.

En la colección de “Desapariciones misteriosas” (1893) de Ambrose Bierce, cuenta diferentes casos de personas que son transferidas de nuestro espacio a otro no-euclido.

Ford Madox Ford y Joseph Conrad escribieron “Los herederos” (1901), que son una raza de seres de la cuarta dimensión que quieren apodarse de nuestro mundo.

El francés Gastón de Pawlowski y su novela “Viaje al país de la cuarta dimensión” (1895-1912).

Encontramos a Marcel Proust y su “En busca del tiempo perdido” (1913), con el uso dual de la cuarta dimensión como espacio y tiempo, produciéndose lo que podríamos llamar una materialización del tiempo.

Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

El escritor norteamericano William Faulkner en la novela “Mientras agonizo” (1930) se vale de la estructura espacio-temporal, trasladada al presente y empleando la cuarta dimensión.

Una obra muy particular en la utilización del espacio-tiempo estático es la impactante “Matadero cinco” (1969) de Kurt Vonnegut, en la que habla de la segunda guerra mundial y de los viajes temporales delante y hacía atrás en el tiempo, viviendo de nuevo lo ocurrido en aquellos días.

Otro gran apasionado de la cuarta dimensión es Jorge Luis Borges, publicó un artículo para varias revistas llamada “La cuarta dimensión” o en libro “El Aleph” (1949) y en varias de sus poesías como la que leemos a continuación.

Alguien sueña (Jorge Luis Borges)

¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora, que es, como todos los ahoras, el ápice?
Ha soñado la espada, cuyo mejor lugar es el verso.
Ha soñado y labrado la sentencia, que puede simular la sabiduría.
Ha soñado la fe, ha soñado las atroces Cruzadas.
Ha soñado a los griegos que descubrieron el diálogo y la duda.
Ha soñado la aniquilación de Cartago por el fuego y la sal.
Ha soñado la palabra, ese torpe y rígido símbolo.
Ha soñado la dicha que tuvimos o que ahora soñamos haber tenido.
Ha soñado la primera mañana de Ur.
Ha soñado el misterioso amor de la brújula.
Ha soñado la proa del noruego y la proa del portugués.
Ha soñado la ética y las metáforas del más extraño de los hombres, el que murió una tarde en una cruz.
Ha soñado el sabor de la cicuta en la lengua de Sócrates.
Ha soñado esos dos curiosos hermanos, el eco y el espejo.
Ha soñado el libro, ese espejo que siempre nos revela otra cara.
Ha soñado el espejo en que Francisco López Merino y su imagen se vieron por última vez.
Ha soñado el espacio. Ha soñado la música, que puede prescindir del espacio.
Ha soñado el arte de la palabra, aún más inexplicable que el de la música, porque incluye la música.
Ha soñado una cuarta dimensión y la fauna singular que la habita.
Ha soñado el número de la arena.
Ha soñado los números transfinitos, a los que se llega contando.
Ha soñado al primero que en el trueno oyó el nombre de Thor.
Ha soñado las opuestas caras de Jano, que no se verán nunca.
Ha soñado la luna y los dos hombres que caminaron por la luna.
Ha soñado el pozo y el péndulo.
Ha soñado a Walt Whittman, que decidió ser todos los hombres, como la divinidad de Spinoza.
Ha soñado el jazmín, que no puede saber que lo sueñan.
Ha soñado las generaciones de hormigas y las generaciones de los reyes.
Ha soñado la vasta red que tejen todas las arañas del mundo.
Ha soñado el arado y el martillo, el cáncer y la rosa, las campanadas del insomnio y el ajedrez.
Ha soñado la enumeración que los tratadistas llaman caótica y que de hecho es cósmica, porque todas las cosas están unidas por vínculos secretos.
Ha soñado a mi abuela Frances Haslam en la guarnición de Junín, a un trecho de las lanzas del desierto, leyendo su Biblia y su Dickens.
Ha soñado que en las batallas los tártaros cantaban.
Ha soñado la mano de Hokusai, trazando una línea que será muy pronto una ola.
Ha soñado a Yorick, que vive para siempre en unas palabras del ilusorio Hamlet.
Ha soñado los arquetipos.
Ha soñado que a lo largo de los veranos, o en un cielo anterior a los veranos, hay una sola rosa.
Ha soñado las caras de tus muertos, que ahora son empañadas fotografías.
Ha soñado la primera mañana de Uxmal.
Ha soñado el acto de la sombra.
Ha soñado las cien puertas de Tebas.
Ha soñado los pasos del laberinto.
Ha soñado el nombre secreto de Roma, que era su verdadera muralla.
Ha soñado la vida de los espejos.
Ha soñado los signos que trazará el escriba sentado.
Ha soñado una esfera de marfil que guarda otras esferas.
Ha soñado el calidoscopio, grato a los ocios del enfermo y del niño.
Ha soñado el desierto.
Ha soñado el alba que acecha.
Ha soñado el Ganges y el Támesis, que son nombres de agua.
Ha soñado mapas que Ulises no habría comprendido.
Ha soñado a Alejandro de Macedonia.
Ha soñado el muro del Paraíso, que detuvo a Alejandro.
Ha soñado el mar y la lágrima.
Ha soñado el cristal.
Ha soñado que alguien lo sueña.

Arquitectura

El Gran Arco de la Defensa en el distrito financiero de París construido en 1989 por el danés Otto von Spreckelsen. De unos 110 metros de lado y con forma de proyección en perspectiva del hipercubo. O, en Madrid, el Monumento a la Constitución, que se encuentra en los jardines del Museo de Ciencias Naturales construido por el arquitecto Miguel Ángel Ruíz Larrea.

Gran arco de la defensa

El Gran arco de la defensa construido en París

Monumento a la Constitución

El Monumento a la Constitución construido en Madrid

Se puede escuchar la versión radiada en el programa de radio de El Abrazo del Oso del 14-11-10:
En la cuarta dimensión

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